La guerra comercial entre China y EEUU suma un nuevo capítulo con la aplicación de gravámenes portuarios a buques vinculados con el gigante asiático. A partir del 14 de octubre, Estados Unidos impondrá cargos adicionales a embarcaciones propiedad, operadas o construidas por compañías chinas, en una medida que busca limitar la influencia de Pekín en la industria marítima global.
Nuevo régimen de gravámenes a buques
La normativa, elaborada por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), obliga a los armadores a acreditar el pago anticipado de los gravámenes antes de recibir autorización para operar en puertos estadounidenses. Según datos de Alphaliner, los pagos deberán realizarse a través del sitio oficial Pay.gov, con dos anexos diferenciados:
- Un gravamen inicial de US$50 por tonelada neta para naves operadas o de propiedad china, que aumentará US$30 por año durante los próximos tres años.
- Un cargo equivalente al mayor valor entre US$18 por tonelada neta o US$120 por contenedor descargado desde buques construidos en China.
La falta de comprobante implicará la retención de operaciones y la negación de zarpe hasta que el pago sea verificado.

Motivos estratégicos y objetivos de la medida
La USTR argumentó que la decisión responde a la dominancia estructural de China en la industria marítima global. Los astilleros chinos construyen actualmente casi una cuarta parte de la flota mundial, mientras que Estados Unidos apenas produjo diez buques mercantes en el último año, frente a más de mil fabricados en China, según Reuters.
El objetivo de Washington es reducir la dependencia de flotas y astilleros chinos, fortaleciendo la producción local y asegurando el control sobre rutas estratégicas de comercio exterior.
Impacto en las tarifas y en el comercio marítimo
De acuerdo con BIMCO, hasta el 35% de los buques graneleros, tanqueros y portacontenedores podrían quedar sujetos a los nuevos gravámenes, representando el 44% de la capacidad combinada de esas flotas. Sin embargo, el analista Niels Rasmussen señala que los efectos sobre los fletes serían limitados: “Los importadores y exportadores estadounidenses no deberían esperar un aumento en las tarifas”, afirmó.
Las principales líneas navieras, como COSCO Shipping, OOCL, ZIM, ONE y CMA CGM, ya iniciaron ajustes operativos para reducir su exposición, redistribuyendo buques y renegociando contratos de fletamento. Según Bloomberg, esta reorganización apunta a evitar el uso de embarcaciones construidas en China en las rutas hacia puertos estadounidenses.
Críticas y desafíos operativos
La Cámara Marítima de EE.UU. (CSA) y el Consejo Mundial de Transporte Marítimo (WCS) advirtieron sobre la falta de claridad respecto a los mecanismos de implementación. Persisten dudas sobre cómo se verificará la propiedad de los buques y qué documentación utilizará la Aduana y Patrulla Fronteriza de EE.UU. (CBP). Además, la Asociación de Corredores y Agentes de Buques (ASBA) señaló un obstáculo práctico: el portal de pagos Pay.gov no acepta transferencias bancarias extranjeras, dificultando las operaciones para agentes internacionales.
China responde con medidas espejo
En reacción directa, el Ministerio de Transporte de China anunció que impondrá gravámenes equivalentes a los buques estadounidenses a partir del mismo 14 de octubre, con una tasa inicial de US$56 por tonelada neta. El gobierno chino calificó la decisión de Washington como una violación a los principios del comercio internacional y al Acuerdo Marítimo bilateral.

Este intercambio de sanciones profundiza la guerra comercial entre China y EEUU, trasladando la tensión desde los bienes industriales hacia el sector marítimo, clave en las cadenas globales de suministro.
Un nuevo frente en la competencia global
La medida estadounidense refleja una tendencia creciente hacia la relocalización y protección de industrias estratégicas, mientras China busca mantener su liderazgo en construcción naval y logística oceánica. En un escenario ya tensionado por los conflictos en el Mar Rojo y la reconfiguración de las rutas comerciales, el comercio marítimo mundial enfrenta una nueva fuente de incertidumbre.
¿Qué pueden hacer las empresas del sector?
Los operadores logísticos y exportadores deberán evaluar sus cadenas de suministro y revisar la procedencia de las flotas utilizadas. Adaptarse a los nuevos requisitos regulatorios será clave para evitar demoras y sobrecostos en las operaciones con destino a Estados Unidos.
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