Los recientes ataques de EE.UU. a instalaciones nucleares en Irán reactivaron una amenaza que genera preocupación mundial: el posible cierre del estrecho de Ormuz. Esta vía marítima estratégica, por donde circula el 20% del petróleo y el 21% del gas natural licuado global, es clave para el abastecimiento energético y el comercio internacional.
Aunque el Parlamento iraní recomendó el cierre, la decisión final está en manos del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, liderado por Alí Jameneí. Sin embargo, Irán se enfrenta a un dilema: cerrar Ormuz también afectaría sus propias exportaciones de crudo y gas, especialmente hacia China e India, sus principales compradores.
Para el transporte marítimo, las implicancias serían inmediatas. El estrecho conecta al puerto de Jebel Ali (Emiratos Árabes Unidos), uno de los hubs más importantes del Golfo Pérsico, con 15,5 millones de TEUs movilizados en 2024. Un eventual bloqueo forzaría la redirección del tráfico marítimo hacia puertos alternativos en Asia, generando congestión y recargos logísticos.
A esto se suma el impacto del precio del petróleo. El Brent ya subió un 18% desde el 10 de junio, alcanzando los US$79 por barril el 19 de junio, y se espera que supere los US$100 si la tensión continúa. Esto encarecería el búnker (combustible para buques), elevando las tarifas del transporte marítimo a nivel global.
En resumen, un eventual cierre del estrecho de Ormuz sería un golpe doble para el comercio exterior: disrupción en las rutas logísticas y aumentos significativos en los costos operativos. Un escenario a seguir de cerca por todos los actores del sector.

